El Corredor del Oso es también nuestro hogar

Por Teo Calle Barreto

Llegué a los bosque nublados del Chocó Andino a finales de 1997. Mi familia y yo, enamorados a primera vista de este breve espacio en medio de la coordillera, hoy conocido como “Los Armadillos”, cerca de Nanegalito. Dejamos nuestros trabajos de oficina en el Quito urbano y apostamos por el turismo de naturaleza como medio de vida en el agreste Noroccidente de Pichincha. Era toda una aventura, una idea loca, ya que nuestro proyecto “turístico” consistía simplemente en servir café en medio de las montañas. Café para mirar el paisaje, café para descansar de una jornada de viaje a la Costa, café para mirar las aves… Demasiado simple para el Ecuador de entonces, pero, extrañamente, funcionó el concepto. Café con empanadas, café con yuquitas y queso, café con cualquier otro complemento resultaron el pretexto para que decenas, luego cientos, luego miles de turistas se dieran cita a lo largo de los años, en esas seis mesas de madera de palets dispuestas en una terraza.

Al principio no sabíamos que los osos de anteojos eran nuestros vecinos, o, mejor dicho, que tanto nosotros, como el resto de colonos del sector, estábamos invadiendo el hogar de una increíble variedad de fauna y flora. Poco a poco nos dimos cuenta y decidimos convivir y trabajar en la medida de nuestras posibilidades para conservar su hábitat.

Haciendo un poco de historia puedo contar que, partir de 1964, a raíz de la Reforma Agraria en Ecuador, se inició un proceso masivo de colonización, que afectó particularmente, a espacios colmados de biodiversidad como el Noroccidente de Pichincha, hoy llamado Chocó Andino. Miles de hectáreas fueron deforestadas en nombre del progreso y la justicia social. Todo parecía positivo hasta que los mismos colonos, así como las autoridades estatales y locales se dieron cuenta con el paso del tiempo que, el extractivismo estaba muy distante del desarrollo económico. Los recursos maderables se extinguieron, la tierra no era muy buena para la agricultura; la ganadería no era rentable sin la adecuada tecnificación y además, el planeta ya sentía los efectos del cambio climático. En consecuencia, todos nos dimos cuenta que los daños sobrepasaban con mucho a los beneficios.

En 2010 empezamos a hablar de proteger ciertos espacios donde se había conservado mayor biodiversidad. Se acuñó el término ACUS (Áreas de Conservación y Uso Sustentable), y un poco después, conocimos la importancia de los corredores biológicos, así como la existencia de una buena cantidad de osos de anteojos en peligro de extinción en los bosques de Nono, Calacalí, Nanegal, Nanegalito y San José de Minas. En el año de 2013, mediante un acuerdo entre los pobladores de las cinco parroquias y las autoridades municipales, creamos el Corredor Ecológico del Oso Andino (64.000 has). En 2014 conformamos el Comité Ampliado del Corredor Ecológico del Oso Andino (CACOA). Desde entonces no hemos parado de aportar en diferentes actividades para salvar de la extinción a las especies que habitan en el territorio.

Creo que los resultados del trabajo conjunto entre la sociedad civil y varias organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, saltan a la vista : tenemos más de sesenta osos monitoreados; se han hecho avances en temas relacionados con los conflictos de gente fauna; periódicamente realizamos campañas de educación ambiental; coordinamos comunicación para la sensibilización ambiental y la conservación, entre otros logros. Sin embargo, desde mi experiencia personal, lo mejor de pertenecer al CACOA, ha sido encontrar entre nuestros vecinos un equipo con una visión y objetivos comunes. Seguimos en las buenas y en las malas con el ánimo de contribuir a la convivencia armónica entre el hombre y la naturaleza en nuestro querido Chocó Andino. Una de nuestras metas más ambiciosas para el 2022 es la Red de Bosques Escuelas del Corredor del Oso. Ya les contaremos cómo nos va. ¡Hasta pronto!

[Este artículo es parte de una seria en la cual varios miembros del CACOA presentan su experiencia con el Corredor del Osos y el Comité Ampliado del Corredor Ecológico del Oso Andino.]

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