SOY DEL CACOA

Hace 5 lustros llegué a Nanegalito, parroquia del DM, muy cercana a Quito, sitio con un verdor sobrecogedor que contemplarlo me producía temor.

Un territorio con neblina, lluvia, bruma y bosques; territorio que me enseñó que hay una forma diferente de vivir, distinta al frenético ir y venir en la ciudad.

El cambio del que tanto hablé estaba por vivirse. Un mundo con absoluta calma pero con el sobresalto de no entender cómo enfrentar este nuevo reto. Este desafío obligó a reinventarme. Una nueva y sorprendente forma de existir, sintiendo que eres un elemento más de este mágico ecosistema.

Redescubrir medios de subsistencia para convivir con la energía inmensa de este lugar. El espíritu yumbo, los duendes, los silfos y demás seres invisibles ayudaron a sentirme parte del Chocó Andino.

En este laberinto me encontré con un grupo de personas muy especiales, los miembros del Comité Ampliado del Oso Andino (CACOA), el mismo que fue conformado en el año 2013, junto a ellos estoy escribiendo esta nueva historia: Desde aprender a cultivar mis propios alimentos, hasta organizar eventos culturales, artísticos, gastronómicos, sintiendo que somos parte de un tejido que sólo la biodiversidad de este emblemático lugar nos enseña y nos permite.

Hoy en la Casa Rumisitana, finca familiar donde resido, producimos con los más altos estándares de calidad leche y café de especialidad con sabor a trabajo digno y en un entorno saludable.

Con el CACOA estamos soñando ser parte de una red de Bosques Escuela, proyecto interesante para sensibilizar y compartir experiencias con los niños, jóvenes y adultos del territorio y de fuera de él.

El cuidado de la naturaleza es nuestra forma de vida, desde el corazón del bosque nublado de la RESERVA DE BIÓSFERA DEL CHOCÓ ANDINO.

Wilma Peñaherrera

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